sábado, 31 de enero de 2009

Ayuno

Acabo de leer este "desolador" poema de mi amigo, Ignacio Lillo, que me ha puesto el vello de punta. En este escrito hay una serie de sentimientos desnudos, que quizá parecen un poco deshilvanados: "no, esto no tiene mucho sentido" -dice él mismo.
Sin embargo, Nacho, yo me pregunto ¿por qué todo tiene que tener sentido? y además, lo que no tiene sentido para uno quizá lo tenga para otro. Lo que importa es la sinceridad de lo que dices y el modo como lo expresas. Y a mí me llega, me llega y me da qué pensar...

Ayuno

Empecé a ayunar para quererme, que no es lo mismo que querer a la imagen que algunos de vosotros habéis necesitado

porque todo aquello no tenía nada que ver conmigo

dejé de ser y de olvidar, voy a descolgar el teléfono y quizá no conteste en varias lunas

no es triste, sólo es la verdad

devoraba cualquier cosas con tal de olvidar, de no aceptar y disuadir mi realidad, me devoraba a mí mismo

sólo estoy en deuda conmigo queridos viajeros, y ningún grado de destrucción fue en vano al haber llegado hasta aquí

¿Qué es la enfermedad? ¿Adonde lleva la imperiosa necesidad de crear sin límites?
No importa, no importa.
Importa estar aquí con el alma desnuda, os quiero... sólo que tuve miedo y la voz fue ahorcándose en el abrevadero

No te conozco, pero si entiendes todo esto... te diré que he aprendido algo, no hay, no hay suficientes de olvido y miedo como para lograr destruirte del todo, es inútil, sólo es un camino tortuoso hacia el mismo principio

Me mentí, me escondí, perdí, caí... pero me encontraron, me aupé... la noche está tranquila y a veces me siento el ser humano más dichoso del mundo por testimoniar todo esto

ayuné hasta recordarlo, hasta no necesitar nada para sostenerme, el espíritu es como un valle de imágenes alucinógenas

y soy libre, y ya no tengo nada que lamentar, hay otro lenguaje más allá, las palabras son un gesto, la tristeza un abrazo, el éxtasis un vaiven de cuerpos que no tienen piedad con el amor

a los que aman, a los que padecieron, a los que se perdieron, a aquellos que nunca me entendieron, éste momento de la nada

cuando las agujas marcan otro viaje y parece que el recuerdo será la única bebida aceptable

no, esto no tiene mucho sentido

quizá sea el ayuno o que puedo abrazarme con enorme satisfacción en unas ruinas anímicas que he logrado devolver a su llanto

(Ignacio Lillo)

Poema de Natán

La imagen que cambió mi vida para siempre

Si la ves, me gustaría que supiera que hace tiempo
fue también noviembre dos años atrás
y que por fin he descubierto
el ritmo de las cosas no vulgares.

Si hablas con ella dile que aquella imagen
cambió mi vida para siempre,
que me quedé de pie en la fila quince, en el margen
derecho,
cerca de la puerta de salida,
donde una cortina púrpura y una sombra me disimulaban.

Dile que apenas me moví de tanto que lloraba,
que su voz llegó a inundarlo todo
y también que sentí rabia,
vergüenza de estrenar una vejez que no sabía,
de caminar hacia ella y de verme desnudo.

Si la abrazas no hará falta que pronuncies mi
nombre.

(Natán Fernández)


Como siempre (si lees esto, Natán, permíteme jugar con tus palabras... como siempre.)

Si lo ves, me gustaría que supiese que dos años atrás
también fue catorce de febrero y lo perdí
y que, por fin, he descubierto que el tiempo
nunca pasa en vano y deja cicatrices.

Si hablas con él dile que ya no tengo mariposas
en el estómago,
que ahora sólo las pinto,
y que lo vi, allí, de pie en la fila quince,
donde ninguna sombra podía disimularlo.
Cerca de la puerta de salida dejé mi corazón y sus poemas,
por si acaso se le ocurría venir a recogerlos.
Dile que yo no sentí rabia ni vergüenza,
pero que sí lloré dentro de mi desesperanza
y de su olvido,
que se escapó mi voz por una certidumbre,
de saberme vestida con tanto desconsuelo.

Si lo abrazas, le cuentas de mi parte que soy afortunada,
que juego a ser poeta, y que soy sal de sílice, como siempre...

martes, 27 de enero de 2009

No sé...

... después de varios días sin escribir nada, porque estuve fuera, (ya sabéis que estoy mucho en Borges Blanques), tengo tantas cosas que decir que no sé por donde empezar.


Primero, agradecer a José Luis Muñoz que haya publicado en su blog mi relato "El faro", aprovechando que se cumplía el bicentenario de Edgar Alan Poe. ¡Gracias, José Luis! Por eso y por las bellas palabras que me dedicas.









Segundo, me gusta más dejarme llevar por la fantasía y escribir relatos como "El faro" o cualquier otro de los que forman parte de mi libro "Espíritus líquidos", que ver la "realidad" de muchas cosas que suceden actualmente, que han sucedido y que, por desgracia, seguirán sucediendo. Aunque yo personalmente no pueda entenderlo. Hace mucho que perdí la fe, en general, y en los "humanos". Dicen, creo que ya lo he escrito por ahí en otra ocasión, que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. A mí me parece que tropieza una, dos, tres, cuatro... y así indefinidamente. Parece ser que hay cosas que no tienen solución y es muy difícil tomar partido. Cuando suceden atrocidades como éstas, una no puede menos que preguntar: ¿dónde está Dios, si es que existe? o ¿qué clase de animales somos los seres humanos?














Estas fotos corren por Internet y aquí las dejo, no creo que necesiten ningún tipo de comentario.












jueves, 15 de enero de 2009

Si a morir...




Si a morir no es otra cosa que ir,
amoriré...


Y morir no es que te vayas,
sino que me dejes...


No busques en otro
lo que yo puedo darte...


Te pinto un cometa en el corazón
para que te nazca en los labios arena dulce...


Delante del espejo yo acaricio el nombre
que se llama como tú
y es mi sombra quien regresa a casa...


Estos versos, de distintos poemas, pertenecen al poeta: NATÁN FERNÁNDEZ. Él, con sus bellas palabras supo inspirarme para que pudiese escribir mi libro: Amayamar. Siempre le he dado las gracias por ello y también aquí quiero dejar constancia de ese hecho.


Amayamar (Introducción)
Amayamar se fue a morir
y ya no es nada.
Nada.
Le hicieron trampa en las caricias.

Hoy ha sido un día propicio para quemarle el alma
y para jugar a que no la quisieron nunca.
Su corazón ha caducado ya,
¿caducará también la ausencia...?
Ese goteo de sangre que le brota de los ojos
se deshace en tozos de agua helada y sal de sílice.
Por detrás de sus letras, en negrita,
el azogue escribe sin mercurio:
ya no estarás aquí ya no estarás aquí ya no estarás aquí,
aquí abajo, la muralla inmensa que me pone la luna
me separa de ti me separa de ti...

Quiere pensar que aquellos dedos
no tenían la medida exacta de su sexo
y que los besos dados fueron de moho y fango,
pero su vida está sesgada a fuerza de derrotas.
El olvido se llevará el eco de ese día,
el jadeo de la noche y el llanto estúpido que la atenaza
al imaginar cuanta tristeza ama al recordarlo.
Seguirá caminando vestida con papel pinocho
y surgirá del sueño vencida por el peso
de las verdades a medias.
Guardará en un rincón oculto de la memoria
cinco letras de un nombre, como semillas de tiempo
sin arraigo.
No hubo amor.
No hubo plenitud.
Le rompieron el cráneo y se olvidaron luego
de meterle dentro mariposas.
Escribirá en el borde del viento
el desgarro del día en que perdió
el catorce de febrero para siempre.
Amoriré ya nunca más suspirará en su boca,
a su piel le llegó el momento de otra piel
con otro aroma que la impregne.
Ella está pensando suicidarse al mediodía
con veintisiete navajazos, profundos, en la espalda.
Pero la Tierra gira como siempre,
diciembre pasa rozándole la nuca con sus dedos,
enero se cobija en una lana azul y febrero se parte en dos
y enseña sus entrañas.

miércoles, 14 de enero de 2009

Setba Zona d'Art







En esta galería de arte se ha inaugurado una exposición fotográfica de JUAN MIGUEL MORALES, con textos de OMAR JURADO. Hasta el día 13 de febrero estará abierta al público y se realizarán diversos actos culturales. Aquí dejo el programa, por si a alguien le interesa, creo que vale la pena. "Llach a la Plaça Reial". Setba es una galería de arte que ha abierto sus puertas en la antigua casa en la que Lluís Llach vivió durante catorce años.

SETBA (set balcons)


Todas las actividades tendrán lugar a las 20 h. en Setba Zona d'Art (Plaça Reial, 10, 1º -2ª, Barcelona)

lunes, 12 de enero de 2009

El mal absoluto






Los Reyes Magos, entre otras cosas, me han traído un libro
que hacía mucho tenía ganas de leer. Su autor, José Luis Muñoz. No tengo el gusto de conocerlo personalmente, pero sí hemos cruzado unos correos y he podido enviarle varios de mis libros. Estoy esperando su opinión, que valoraría mucho, aunque no sé si mi "estilo" entra dentro de sus preferencias. (Puedo imaginar que no...)



José Luis, si lees esto, espero que no te importe que ponga aquí la portada de tu libro y algunos datos sobre él. Estoy acabando de leerlo y después intentaré explicar lo que la novela me ha hecho sentir.
Pongo ahora estos párrafos:


"Hicieron de Auschwiz una "fábrica de la muerte", con procesos rigurosamente calculados para matar eficientemente al mayor número de personas en el menor tiempo posible. Hablemos de cuando empezaron a llegar los judíos, Herr Meissner, esos cuatro millones de seres que nunca fueron matriculados, que no figuran en las listas, porque estaban de paso. Usted me está hablando de un programa técnicamente perfecto para cometer asesinatos en masa, pero elude la palabra asesinato, que es para lo que se edificó ese complejo del que habla con inexplicable orgullo.
Nuevo silencio. Günter Meissner mira a la periodista con desconfianza. Pero sonríe."

Impresionante, José Luis. Impresionante todo lo que he leído.

José Luis Giménez-Frontín


Han pasado las fiestas y ya hablaré de ellas, pero hoy he encontrado en mi correo este articulo en "El Quincenal" de la ACEC, y aunque ya me había enterado por otros medios, he sabido de la muerte de este hombre al que tuve el honor de conocer, aunque brevemente, en algunas tertulias del Ateneo y en Nostromo.

La muerte siempre nos sorprende, sobre todo si la última vez que has visto a la persona que ha fallecido ésta se encontraba fuerte y sana, pletórica de salud. Aquí transcribo el artículo, con toda mi admiración hacia José Luís Giménez-Frontín, poeta, narrador, traductor, pero sobre todo porque era un gran ser humano.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Amistad



Mi amigo, Carlos Fajardo, lee mi blog (Carlos, me hace gracia pensar que no sólo yo soy una "patata" con esto de la informática...) y me envía su comentario por correo electrónico. Así que antes de irme a Borges, como de costumbre, lo incluyo aquí. ¡Gracias por tus palabras, amigo!



Inma:


Hoy he tenido el placer errante de entrar en tu bloggolb. Por ti y en ti...y no lo hago porque hablas de mi libro. Sé que nunca has estado sola, pero, ahora, el ciberespacio es un amigo más.


¡Son tantos años. Tantas tertulias. Tantas complicidades! Tengo todos tus libros y, sobre todo tus poemas. Pero nunca podré olvidarme de Sura...



Muy bien,Inma. ¡Rompe la soledad de la informática! Y regálale a todos tu poesía, como cuando decías en tu poemario (Sura):

"Sura en el silencio te descubre,
tensa cuerda de guitarra sin sonido,
brida gastada de una negra montura.
Pozo profundo sin hoy, ni ayer, ni tiempo.
Y amaneces..."


Para mí, es uno de tus mejores alaridos poéticos. (¡Tienes muchos!) Yo sólo le añadiría, (con tu permiso) el final de uno de mis poemas...


"Llámame (aunque sea desde la lejanía)
y no volverá a estar triste mi pantalla.
Blanca y azul. Azul y plata.
Cuando la despierto por la mañana...


Felicidades.
Siempre, Carlos.



En una cosa te equivocas , Carlos, y es en que nunca he estado sola. Es todo lo contrario, aunque me considero una persona muy afortunada por tener familia y muchos amigos, siempre estuve sola...
También este poema es de Sura:

Sola

Es mejor recordar que se cansa la mano
en las caricias.
Que fue sólo un momento nada más.
Un espasmo de agua. Un esperma pálido.
Desde mañana,
caminaré por los bosques oscuros de la memoria
y le daré tiempo al olvido.
Me esconderé tras el miedo y la náusea.
Detrás del temblor de pequeñas verdades.
Sola.
Siempre sola.
Ya, para siempre.
Como siempre...

(Este poema me lo dediqué a mí misma...)

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Cotidianos



Y aquí está, el libro "Cotidianos" de Luis Vea García. Le prometí un comentario, pero prometí una cosa difícil. ¿Qué decir de unos relatos que me parecen magníficos precisamente por su cotidianeidad? Todos los relatos te atrapan desde el primer momento y el libro se lee de un tirón. Para definirlo diría tres palabras: un libro sincero.


Y me permito poner aquí unos párrafos de uno de sus relatos que se titula: "El mar lamía sus pies"



"La campana de la iglesia tocaba, con ese tañido lastimero, inundando de sonido los espacios. En la playa aguardaban las barcas, embebidas de tripulaciones. Unos empujaban las naves para echarse pronto a la mar, otros apuraban la puesta en marcha de los motores. Las olas arreciaban con fuerza, lamiendo la costa a brochazos, casi devoradores por su intensidad. Un niño contemplaba absorto la furia de las aguas mientras el horizonte despuntaba junto al sol. Y bañada por las olas, como reflujo de algo que viene y que va, encontró una gorra de capitán de la marina mercante y la contempló sin saber de los anhelos y emociones de un niño que, como él, años atrás, mirara el mar del mismo modo. El mar lamía sus pies, mientras, con las manos, el niño sostenía lo que en algún momento perteneció a otro. Las aguas se llenaron de barcas y el horizonte las recibió con su habitual sonrisa tan rectilínea, tan quieta... en tanto las olas traidoras mecían sus volúmenes, burlándose de la osadía del hombre."

Y este relato me recuerda a uno de mi libro: "Luna de cristal" y que titulé: "Hechizo" Así que ahí lo dejo.

Hechizo

El joven, de cabellos castaños y ojos color de aceite, lleva un arete plateado en el lóbulo de la oreja izquierda. Sonríe tristemente con una sonrisa que pone hoyuelos en sus mejillas.
Entra por el paseo, se dirige al acantilado y allí mira hacia los espigones que abrazan el puerto. Es un puerto antiguo de una aldea pesquera. Sus calles angostas serpentean entre las casuchas grises que, encaradas al mar, se extienden a lo largo de la costa y terminan en un tramo de mojones de madera podridos, con una costra de sal seca por encima.
Los muelles, abandonados y salpicados de guano, se internan en el mar. Un pequeño lugre de vela blanca navega escorado. El aire es salobre y algunos peces muertos cabecean contra las rocas.
El muchacho sueña con campos soleados impregnados de dulce aroma a violetas y artemisas, en un sitio apacible en el que se escucha el coro zumbón de las abejas y el trino de los pájaros, pero sólo ve rocas abruptas que descienden a una cala lamida por las olas y oye el graznido de las gaviotas que planean sobre el mar.
A lo lejos, caminando por la playa, se acerca una figura femenina acompañada de tres perros. La reconoce enseguida por el ligero renqueo y nota la sangre galopar bajo su piel sin dejarlo pensar con serenidad. Deja de sonreír y sólo queda su tristeza.
Recuerda cuando paseaban bajo la lluvia intentando hallar un guijarro liso o una bonita caracola y recuerda también el rostro de la muchacha, húmedo de lluvia, bajo las gotas que caían sistemáticamente sobre la arena de dunas amarillentas.
Daba gusto caminar bajo ese ritmo susurrante, mirando las encharcadas huellas de sus pies, sintiéndose los amos de la lluvia y del mundo.
En las noches de luna, se sentaban en uno de los malecones y escuchaban golpear las olas contra la pared de piedra. A veces miraban el mar y otras veces, de espaldas, contemplaban el desconcertante paisaje de la aldea confundiendo el pestañeo de las luces en las ventanas con aturdidas y brillantes luciérnagas.
Eran noches agradables. La oscuridad los redeaba en un abrazo tan protector como el de los espigones que abrazaban el puerto. Ella le preguntaba:
-¿Y si la luna fuese un queso? ¿Y si el mar fuera chocolate deshecho...?
Cuando las nubes surcaban el cielo ocultando la luna, ella decía:
-Ves, los ratones se comen el queso...
El mar abofeteaba los postes del muelle y el viento soplaba desde el agua, con un ligero resuello, susurrando palabras invisibles. Era como un hechizo.
Pero ya no existe nada mágico entre ellos. El hechizo se ha roto y sólo le queda soñar con ella, sentada a su lado, mirando el fuego del hogar, un fuego breve de piñas y pinaza, mientras él fuma una cachimba olorosa y la lluvia bate sobre los cristales.
La realidad se impone como niebla que avanza lentamente y la lluvia que ha seguido cayendo y llenando las huellas de sus pies hasta borrarlas.
Con los ojos ardientes, doloridos y cansados, llenos de pensamientos melancólicos, el muchacho piensa, por un instante, sumergirse en lo más profundo y verde del fondo marino hasta que desaparezca, por encima de él, el susurro rítmico de la lluvia. Entonces, los ojos no le dolerán, estarán fríos y dormidos.
Sobre la playa empezará otro día.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Luna de cristal



Ese es el título de mi primer libro, editado en 1995. Lo escribí en "Aula de Lletres", donde cursé estudios de Técnica y Escritura Literaria.


Este libro de poemas y relatos cortos significa mucho para mí. Quizá en él falte técnica y experiencia de la vida, pero creo que por aquel entonces yo exponía mis sentimientos de una manera más espontánea. Eso no quiere decir que crea que ahora escribo más artificialmente porque siempre me ha gustado utilizar palabras sencillas en mis escritos, sino que una aprende a disfrazar un poco su manera de sentir y las verdades. Creo que en el fondo, y aunque todos nos preciamos de ser sinceros y de que nos gusta la verdad, en realidad ésta a veces hace daño, y he comprobado que las "mentiras piadosas" y "bien elaboradas" tienen más aceptación entre los seres humanos que la verdad propiamente dicha. Claro que, ésta por supuesto es sólo una opinión personal.
He cambiado tanto, en estos años... Sí, sí, esa chica de la foto soy yo hace unos trece años, pero ya se sabe: "nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos..." (no sé quién dijo eso, pero no es mío).
Aquí dejo un poema del libro, es como si hubiese adivinado cómo me sentiría ahora. Se titula "Lejanía"
Mis manos han cambiado en unos años
y el pelo se me ha puesto ceniciento.
Mis ojos están turbios por el llanto
y el corazón se me quedó pequeño.
La vida le pudo a mi ilusión,
la prisa a mis ideas.
Del amor, entonces, ya no hablemos,
pues aunque existe aún,
no llena, no acompaña,
sólo ayuda a adormecer el alma,
porque una noche sola,
y otra noche, hacen que yo
me vaya deshaciendo.
Me importa más que mi alma
no esté sola, mucho más que esté solo
mi cuerpo. Porque puedo pasar
las noches sin tus brazos,
pero no sin tu voz, ni tus silencios.
Que los cuerpos se mueren
y algún día entenderás, tal vez,
lo que yo siento.
Esta noche escucharé tu voz,
aquí, en mi oído.
Tan cerca y tan lejana...
¿Qué son unos minutos en un día?
Siempre te digo que no quiero tener
cosas... Cuando muera, voy a morir
con lo que lleve puesto
y aún es mucho, demasiado.
Cuando nací no tenía nada,
sólo sueños.
Voy a dormirme ya, tengo cansada el alma.
Tu voz no me acompaña suficiente.
¡Hola y adiós...! Mejor me duermo.
Mañana te veré otra vez,
pero se nos habrá escapado el día.
Un día menos de amor
y uno más de soledad.
Siento necesidad de respirar
profundamente, de oler tierra mojada
y ver estrellas. Quiero olvidar
la obligación. Quiero romper
las ataduras que yo misma me he puesto,
y correr hacia el sol, hacia el amor,
el mío, el tuyo, el nuestro...
Quiero abrazarte, amor, tan fuerte,
que no pueda el dinero separarnos.
Yo soy mujer de amor y no de cosas,
y soy mujer de espíritu,
más que mujer de cuerpo.

Carlos Fajardo


Esta es la solapa del libro "Círculos", de Carlos. He querido ponerla como homenaje, para que se sepa algo más de este escritor y amigo. La portada del libro es de: J. Tió sobre escultura de Emili Armengol, "Bronze, llautó i alpaca" (1989).

Y también añado unas palabras del autor que figuran al inicio del libro.

A todos los que me acompañan con su lectura

Mi círculo se cierra.
Como todos los círculos.
Pero no sé dónde empieza
ni acaba, esa extraña figura de locos.

Me gustaría que me regalases
una idea tuya circular:
Un brazalete de tus lunares.
Algo que pudiese recordar.

Mi círculo se cierra.
Quizá hoy sea un buen día
para pasear: Despejar la bruma,
y descubrir otra melodía.

Carlos Fajardo

Vértigo anual


Así se titula el poema de Carlos Fajardo Ricomà, gran escritor y poeta al que admiro y tengo la suerte de contar entre mis amigos.

Me envió Vértigo por correo el día de mi santo, cosa que le agradezco, es bueno saber que alguien se acuerda de una. La verdad es que el poema me impactó y, con su permiso, no he podido resistir la tentación de incluirlo aquí.

Carlos tiene varios libros editados, el último de ellos: Círculos lo presentó hace poco en el restaurante "Gran París". Es un libro de relatos para la reflexión y la duda. De él hablaré más adelante, pero ahí va la portada.
Y también el poema: Vértigo anual
Sólo es girar. Siempre girar
Al compás de alguna duda reprimida.
Aunque el torrente de la vida,
es más implacable en su circular.
Tributos y ritos desde lo lejano...
Abrazos de cartón... Frases hechas...
Recuerdos dolientes del pasado...
¿Quién marca los números rojos del calendario?
¿Por qué este vértigo coreado de utopías?
¡Suspiros al vacío para besar las fotos tristes!
¡Máscaras de colores para parecer más dichosos!
¡Arrugas forzadas para llenar de sonrisas los ojos!
Y seguir palpando en la rebotica compleja del alma.
Agrietar otra vez la pátina gris del cada día.
Para buscar algo nuevo en el amparo circular de la rutina.
Pero...
Sólo girar. Siempre girar...

jueves, 11 de diciembre de 2008

Fernando Pessoa



Un maestro... Todo lo que él escribió me habría gustado que se me hubiese ocurrido a mí. Me contento con tener este libro, con el que me siento identificada en tantas cosas, en mi mesa de noche.

En mi poema "Diciembre" digo que cuando yo nací el espacio era amarillo y estoy segura de que era como ese amarillo que describe Pessoa en en su: Día de lluvia



177)
"El aire es de un amarillo oculto, como un amarillo pálido visto a través de un blanco sucio. Apenas si hay amarillo en el aire ceniciento. La palidez del ceniciento, sin embargo, tiene un amarillo en su tristeza".

¿Cómo puede alguien escribir algo tan bello...?

¿O esto tan profundo?




277)
"Los sentimientos que más duelen, las emociones que más afligen, son los que son absurdos -el ansia de cosas imposibles, precisamente porque son imposibles, la añoranza de lo que jamás ha existido, el deseo de lo que podría haber sido, la pena de no ser otro, la insatisfacción de la existencia del mundo. Todos estos mediostonos de la conciencia del alma crean en nosotros un paisaje dolorido, una eterna puesta de sol de lo que somos. El sentirnos es entonces un campo desierto al oscurecer, triste de juncos al pie de un río sin barcos, negreando claramente entre márgenes alejadas."



279)

¡El peso de sentir! ¡El peso de tener que sentir!



Y ¡cuánto pesa una cosa que parece tan liviana...!

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Chap


Este escrito fue mi homenaje a Chap, y está editado en mi libro de poemas y relatos:"Luna de cristal"


Chap

Mi perro, Chap, se ha muerto. Y ha sido así, de pronto, como se van los pájaros; de un vuelo.

Me gustaba pasar las manos por su lomo y por su hocico húmedo y frío. Cuesta aceptar que no volveré a acariciarle.
Era un golfo pequeño, de genio áspero, valiente y arrogante. Guardián de mis hijos, nadie osaba acercarse al oír su ladrido, temible, largo y profundo si quería impresionar; melindroso, corto y agudo cuando pedía caricias o un trozo del bizcocho que yo hacía.

Su pelo fuerte, apelmazado y reseco al llegar de retozar con otros perros, quedaba sedoso y reluciente después de un baño tibio. Él se esponjaba ufano de tener el color de las castañas asadas; más canela en las patas.

Se rascaba furioso, casi con desespero, cuando una pulga inoportuna le hacía una visita atraída por los rizos espesos de su cola, plumero que agitaba y mordía para echar a la intrusa, hasta que le gritabas: ¡Chap, ya basta!

Hace diez años lo encontré, hambriento y sucio, abandonado debajo de mi coche. Me fijé en sus ojos grandes, redondos, de mirada noble y fue tanto lo que vi: hambre, frío, miedo, soledad, desamparo, y era tan poco lo que pedía: amor y cobijo, que sentí como si hubiera sido siempre mío.

-Perro, ¿estás solo?, ¿qué te pasa?
Confiadamente se acercó y se puso panza arriba, en total entrega, buscando una caricia. Su barriga, blanquinosa y temblona, se estremeció al contacto de mi mano. Noté su calidez y el latido desacompasado del corazón. Con su mirada y mis caricias nos hicimos amigos. Y le dejé subir al coche.

Silencioso, alegre y cálido, mi pequeño camarada de juegos iba de un lado a otro anunciando con sus brincos: "Mírame, estoy aquí. Yo soy de esta familia".

Y ahora ya no es.

Es nada.

Compañero fiel de tantas noches a los pies de mi cama velando enfermedades y sueños. ¿Cómo podré olvidarlo? Él sigue, con sus pasos leves tras de mí, acompañándome en los trabajos y en las horas de soledad. Calentando mis pies, amoroso, con su lanudo cuerpo.

Te extraño, Chap, mi viejo amigo. Perro menudo, tierno compañero.

Adiós... Como se van los pájaros.

Adiós.

Puente del Arco Iris




Hace unos días recibí por correo electrónico la "despedida" de un amigo mío a su mascota, su perrito Cuqui.


He querido poner aquí su escrito porque, años atrás, también yo perdí a mi perro, Chap. Dicen que el perro es el mejor amigo del hombre. No sé si eso será cierto o no, pero creo que sí es el más fiel.


Quizá alguien pensará que llorar por un animal o escribir estas cosas a su muerte es algo exagerado, pero la verdad, y aún a riesgo de parecer cínica, en muchas ocasiones yo he preferido estar cerca de caballos, perros o gatos, antes que al lado de ciertas personas... Es triste, pero esa es la cosa. Así que, José Luis, me solidarizo contigo y quiero decirte que nunca olvidaré los buenos momentos que pasamos juntos en la radio. Te mando un beso, "hijo de la luna", y espero que exista ese Puente del Arco Iris...





Navidad

En Navidad siempre me pongo un poco nostálgica, por no decir tristona. Hace unos años escribí este poema y creo que expresa tan clara y sinceramente lo que siento en estas fechas, que no he podido escribir otro que lo describa mejor. A todos vosotros, amigos míos y desconocidos que leéis este blog, aunque no os dejéis ver, os lo dedico y os deseo lo mejor para estos días y para siempre.

Llega la Navidad...

Invierno.
Hila la rueca madeja de nube;
copos de nieve enfrían la luz de una estrella
filtrándose callados por las chimeneas.
Pasa la vida por aquí...

Llega de nuevo otra Navidad:
herida que sangra nostálgica,
resto de lumbre sepultada en ceniza.

Un rayo de mi fe perdida
quiebra la noche,
como susurro bailarín de agua
en la quietud del alba que se asoma.
Los pensamientos bogan en el río del pesebre
y flotan las risas y los villancicos
tras los cristales llorosos de las casas.
Mientras, por las calles,
bajo el cielo inalcanzable y plomizo,
caminan presurosas otras historias,
otras vidas errantes.
Hay un sobrecogimiento en las almas
al evocar el andar cansino de camellos
cargados de tesoros infantiles.
Porque los niños siguen siendo niños,
soplos de inocencia,
cálices de lirios albos y húmedos.
Entre dos luces suenan zambombas
y panderetas. Vago sobresalto de una hora
en la noche de la Nochebuena.
En los hogares, junto al fuego,
se reunen las familias y los ancianos dormitan,
quizá sueñan también con tesoros de urracas
dentro de calcetines largos y de colores vivos.
¿Quién pone en duda la realidad de ese sueño...?

La Noche, esa Noche que nos lleva a recordar
a los vivos y a los muertos,
avanza hacia el mañana preguntando:
¿Dónde se confunden la realidad y la ilusión?
¿Dónde se encuentra el por qué de la vida
y de la muerte?
¿Quizá en el vagido del Niño Santo que nace...?
No lo sé, pero le juraré a quién sea
que, igual que todos los años, procuraré ser buena
y que le voy a abrir las puertas del espíritu
a la nueva Navidad que llega friolera,
aunque luego se vaya y me deje en las manos,
como siempre, un simple y tenue aroma
de violetas...

Estoy aquí, cansada, pero estoy...


He vuelto de Borges. El tiempo similar al del año pasado. Hemos cogido las aceitunas para llevarlas al molino; menos que las que recogimos el año pasado. ¿Por qué? pues porque estaban ya demasiado maduras y los pájaros se las comen en un segundo. Primero se hartan de comida picoteándolas en los árboles y luego, cuando han comido bastante, se alejan en bandada llevándose cada uno de ellos una aceituna en el pico y dos más en cada pata...¡Curioso! ¿verdad? yo eso no lo sabía, lo he visto este año. Siempre se aprenden cosas.

Y, hablando de otro tema, el día ocho fue mi santo y el nueve mi cumpleaños. Atrás quedó ese tiempo en el que me parecía injusto que mis hermanos tuviesen regalos dos veces al año y yo sólo una. ¡Que simple era entonces mi sentido de la injusticia!

Por otro lado, este mes de diciembre, he "amanecido" cansada. Ultimamente casi siempre lo estoy, pero ahora más. Y me surge otro ¿por qué? aunque no sabría explicarlo. Una amiga mía, muy buena amiga, me ha enviado (¡que casualidad que haya sido en estas fechas!) un poema de José Bergamín/La claridad desierta, que dice así:


Me siento ya tan cansado

-Cansado de estarlo tanto-

como si toda mi vida

no fuese más que cansancio.


Un cansancio que el camino

vuelve cada vez más largo,

que va creciendo, creciendo

conforme voy caminando.


Cansado de andar y andar

es tanto ya mi cansancio

que estoy empezando a estar

cansado de estar cansado.



(Pues bueno, pues eso...)

viernes, 28 de noviembre de 2008

Borges Blanques

Es la época de coger olivas, así que estaré unos días fuera en Borges Blanques. El año pasado estaban así mis olivos, no hizo muy mal tiempo, aunque sí frío. Las manos se quedaban heladas. Claro que a mí eso me sirve de distracción, no lo de las manos heladas sino coger las olivas. De todas maneras, algunos días amanecían como el de la siguiente foto, entonces había que esperar a que la niebla se disipase.


También es mi santo el día 8 y el 9 mi cumpleaños. Por eso siempre me sienta bien irme una semanita fuera por estas fechas.
Cuando era pequeña, me fastidiaba bastante que mi santo fuese el día 8 de diciembre y mi cumpleaños el 9, porque sólo me hacían regalos una sola vez, y mis hermanos, sin embargo, tenían doble "ración". Ahora, con el paso de los años, lo que me agradaría sería que esas fechas pasasen desapercibidas. Cualquier detalle, una rosa, unas palabras, un abrazo, una mirada, tienen para mí más valor en momentos inesperados y simplemente porque sí. Porque salen del corazón. Aunque con eso no quiero decir que cuando se celebra un aniversario se haga por compromiso, bueno no sé, quizá sí, quizá no... Pero yo ya quisiera estar a 10 de diciembre.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Sobre otro Antonio Machado


Hace tiempo leí un articulo de Inma Limones en la revista "El Celador" de Sevilla. El articulo se titulaba: "Símbolos en Antonio Machado". Su lectura me hizo recordar a otro Machado: Antonio Machado y Álvarez, más conocido por "Demófilo" y que fue el padre de los hermanos Machado: los poetas Manuel y Antonio, sin olvidar a José, pintor, y a Francisco, que también cultivo la poesía.

El apellido Machado, de ascendencia portuguesa y oriundo de la provincia de Huelva, está intimamente vinculado a la historia sociopolítica y cultural de Sevilla, desde que en 1845 se asentase en ella el abuelo, Don Antonio Machado y Núñez (1815-1896).

"Demófilo" nació el 6 de abril de 1846 en el nº 33 de la Rúa Nova de Santiago de Compostela y a los cuarenta días de su nacimiento, por enfermedad de la madre (Doña Cipriana Álvarez, natural de Sevilla), la familia se traslada a esa ciudad.

En la obra de Machado y Álvarez se palpa una honda preocupación social por España y por desentrañar el sentido del pueblo. Fue un hombre sencillo, modesto abogado, incansable trabajador, padre excepcional y un intelectual censurado, incomprendido y criticado por sus contemporáneos a pesar de ser una de las más altas mentalidades españolas de la pasada centuria. Inició los estudios folklóricos en España y eso le valió el título de miembro de honor del folklore inglés y de la Sociedad Filológica de Londres y, consecutivamente, de los núcleos folklóricos que fueron fundándose en todos los países de Europa y América. Esa fue su recompensa, a cambio de su fortuna, su salud y su vida.

Notable lingüista, director y editor de revistas especializadas, fundador de El Folk-Lore Andaluz y el Folk-Lore Español, colaborador incansable en la prensa nacional y extranjera, reclamó una mirada científica y culta, sobre el cante hondo. Reunió dos colecciones de cantes flamencos: una en 1881, en Sevilla, bajo el título de "Colección de cantes flamencos", y otra en 1887, en Madrid, titulada "Cantes flamencos y cantares". A ésta última recopilación pertenecen las coplas:


Pensamiento ¿aónde me yebas,

que no te pueo seguí?

No me metas en paraje

donde no puea salí.


En este mundo reondo

quien mar anda mar acaba;

y en casa der jabonero

er que no cae, resbala.


El propio Demófilo pregunta en el prólogo: "Pero ¿quién es el autor de estas preciosas coplas...? Pues lo mismo lo sé yo que vosotros... todas las coplas recogidas no son hijas de un mismo padre, sino de muchos... y ellos no olvidan que la mejor poesía es la que dice más en menos palabras... cuando les duele se quejan y cuando se alegran ríen, sin meterse jamás a esmaltar sus risas o sus lágrimas con adornos postizos".


No canto porque me escuchen

ni para lucir la voz...


Demófilo murió a los cuarenta y siete años de edad, el 4 de febrero de 1893, en el nº 35 de la calle de la Pureza, en el arrabal sevillano de Triana. Se le había declarado una esclerosis medular cuando estaba en Puerto Rico, adonde se había desplazado con la esperanza de solucionar sus problemas económicos. Regresó a Sevilla. Allí falleció en brazos de su esposa Ana Ruiz Hernández, y ante la indiferencia de la ciudad, sumida en esos días en la celebración del Carnaval. La prensa no le dedicó ni el más mínimo artículo necrológico. Hoy día, su figura vuelve a recordarse y estudiarse, no sólo por la influencia que dejó en sus hijos, sino también debido al hecho de que anunció tendencias culturales, científicas y literarias que sólo con el tiempo han ido descubriendo su verdadera dimensión.


Todo aquer que dise ¡ay!

es señar que l'ha dolio;

y yo digo: ¡Ay, ay, ay,

ay, probe corazón mío!