sábado, 18 de abril de 2009

Las lilas
















Me voy muriendo poco a poco
en el hastío y la rutina.
La campana de la iglesia imaginaria tañe o vuela,
según como se mire.

Las lilas florecen.

Y yo no camino, no miro, no me muevo.
Sólo pienso.

Un suspiro es mi único aliento, pero aún no es el último.
Todavía es de noche y no camino, tampoco lo haré cuando amanezca.
Las horas pasan despacio, y todo, siempre, es igual de anodino, lento,
como mi cuerpo cansado, mi corazón seco y mi regazo vacío.

A veces creo que soy invisible.
Y lo peor no es que nadie me vea, sino que no me miren para darse cuenta.

En este absurdo cotidiano, no camino, no miro, no me muevo.
Sólo sigo pensando.

Mientras, las lilas, también como siempre, florecen...

12 comentarios:

Locuán dijo...

Tú no eres invisible, si lo fueras no te vería yo ahora mismo, como te veo y presiento, a novecientos kilómetros...

Qué hermoso poema, como siempre.
Besitos desde el sur
Ana

Anónimo dijo...

Las lilas no son de fiar. Son unas gorronas.Si te das cuenta de que están es porque invaden el aire con su perfume. Luego, se pasan todo el vernao ocupando sitio con su ramas verdes y en invierno, se convierten en palos secos.¿Has visto que las primeras flores de la primavera son amrillas?

Sílice dijo...

¡Gracias, Ana! Tú si que eres bella.
Besitos desde el este

Inma

Anónimo dijo...

...y si puedes pensar, también puedes cantar, hablar, escribir...
y podar las lilas !Así, la primavera próxima no florecerán!

Sílice dijo...

¿A que pensabas, Anónimo, que no te iba a responder? Lo digo porque has reincidído en tu comentario, ¿quizá para provocar mi respuesta...?
Pues verás,estoy muy de acuerdo contigo en que las lilas no son de fiar, sobre todo porque yo no me fio de nadie, ahora ya no, pero que las lilas sean fiables o no, no es una de las cosas que me preocupen especialmente.
Por otro lado no sólo invaden el aire con su aroma, también la vista con su belleza y color, el tacto con su suavidad y consistencia y si me apuras (aunque no las he probado, cosa que no descarto hacer algún día y comérmelas aliñadas)también el gusto, ¡caray! ¿no te has fijado bien en la foto? son tan bellas que parece que estén diciendo "comedme". Quizá falta una cosa, el oído. Tengo que reconocer que cuando me he puesto a escuchar atentamente sólo he oído un ténue "siseo", pero estoy casi segura de que era una brisa que debía estar pasando por allí. ¡Qué se le va a hacer! No hay nadie perfecto, entonces ¿por qué lo iban a ser las lilas?
Siguiendo con el tema, cierto es que ocupan un sitio, eso no es nada nuevo, todo en este mundo ocupa un lugar (aunque a veces uno no esté en el que le agradaría y esté desubicado, pero ¿de quién es la culpa? ¿de la madre naturaleza? ¿de la que nos parió? ¿de un hacedor chiflado que ha hecho las cosas a su imagen y semejanza? No sé, pero mía desde luego no es y tampoco creo que sea culpa de las pobres lilas...tan moraditas ellas...
Y eso sí, en invierno se convierten en palos secos, pero qué quieres que te diga Anónimo/a, no me preocupa ni me molesta en absoluto, me preocupa y me "fastidia con j" muchísimo más, saber que también yo, y si me apuras también tú, nos estamos convirtiendo en palos secos, hasta que un día nos sequemos del todo. ¡Qué le vamos a hacer, es ley de vida!
Y por último, la primavera que viene me fijaré a ver si es verdad o no, que las primeras flores que florecen son amarillas. Pero vamos, que no tengo ningún inconveniente en que eso sea cierto. ¡Gracias! por hacérmelo notar y lo tendré en cuenta.

Sílice dijo...

Por otro lado, es evidente que puedo pensar, pienso y lo digo. También puedo cantar y canto (en estos momentos estoy cantando una canción de Julio Iglesias..."siempre hay por qué vivir y a quién amar...al final, las obras quedan las gentes se van...la vida sigue igual...").
También hablo, para mucha gente demasiado, para mí cada vez menos. Y escribir, bueno esa es otra cuestión, creo que es evidente que escribo, no sé si bien o mal, pero escribo y fíjate, contra menos hablo más escribo, aunque no sé si eso es bueno o malo.
Y llegamos a la poda, pues que sepas que ya las "podo" (jo, que mal me suena eso),pero no para que no florezcan más, sino para que vuelvan a florecer y con más fuerza. (Lástima que eso,me refiero a lo de la poda,no se pueda hacer con las personas, al menos a mí me parece que me iría bien una poda de esas y creo que a más de uno/a también.)
Para terminar, quiero percibir en tus comentarios afecto, amistad y buenos deseos, si no es así, no hace falta que me lo digas.
Yo te mando un abrazo "liloso", si lo quieres.

Inma

Anónimo dijo...

Inma.. ¿Ves cómo no te morías...? Ni lentamente, ni nada.

Sílice dijo...

Pero acaso ¿tú te crees que me pasa a mí todo lo que yo escribo...?(jeje)
Entonces es que no me conoces bien.
Lo mío y lo más importante siempre me lo guardo.

Un abrazo, seas quien seas.

Inma

Antonio dijo...

Terciando, con vuestro permiso, en el asunto de la lilas, hemos de reconocer que cada uno ve en ellas lo que más le llama la atención, lo que más necesita o quiere ver. Ello no depende de las lilas, sino de como es el observador. Las lilas nos ofrecen, al igual que la mayoría de los elementos del entorno, una visión que depende del cristal con que se mire, que puede ser un caleidoscopio. En todo caso la pregunta sería: ¿Hablamos de las lilas o hablamos de nosotros? De todas formas, yo no quiero matar a las lilas, pues completan una parte más de la creación de la que soy un fragmento, pero no responsable, y a la que respeto en su diversidad. Seguramente hay alguien que las ama y las admira y posiblemente tenga algunos detractores, pues nada es absolutamente bueno ni absolutamente malo.

Inma, otro abrazo desde el sur

Sílice dijo...

Justo, Antonio. Al final, siempre depende todo del estado de ánimo que tengamos en el instante de observar las cosas. O sea que volvemos a lo del color del cristal...etc. Y como siempre también, yo vuelvo a lo de intentar encontrar el equilibrio durante todos los días de mi vida. Como tú dices bien "nada es absolutamente bueno ni absolutamente malo"
Te mando otro abrazo desde el este.

Inma

Anónimo dijo...

!Claro que sé que te pasa todo lo que escribes! Todo lo que escribes, te pasa. Lo escribes porque te pasa. ¿Cómo te pasa? Eso es otra cosa.
Mira, las lilas, las glicinas, las violetas, los lirios...todas del mismo color; todas ellas perfumadas, efímeras. Todas en los jardines de principio de siglo. Todas en los jardines de las casas actuales, de la gente que las añora de su infancia.
Ayer tuve que cortar un buen ramo de lilas y darlas a un amigo que añoraba su infancia... por el perfume.
Y tú...¿las tienes en tu campo o te guardo un esqueje?

Sílice dijo...

Acaso piensas, Anónimo/a,¿que lo que no me pasa, entonces no lo escribo? (porque es evidente que hay muchas cosas que no me pasan o no me han pasado aún en esta vida)
Pero si lo que quieres decir es que lo que escribo "pasa todo a través de mí", entonces sí que te doy la razón.¿Pero por qué será que si una escribe un cuento en el que la protagonista tiene cuatro amantes, la gente piensa vaya tía, la autora, qué bien se lo pasa. Y sin embargo si la "prota" es una psicópata que va matando y descuartizando gente por ahí, a nadie se le ocurre pensar que la autora o autor hace lo mismo...?
Pues esa es la cosa, que todo pasa a través de mis ojos, pero no todo lo que pasa a través de mis ojos me ha sucedido a mí.
Tengo curiosidad por saber algo, ¿de verdad tú crees que todas esas flores que enumeras son del mismo color...? Pues mis ojos deben ser especiales porque yo creo que no hay una flor igual a otra, lo mismo que no hay dos personas iguales.
En mi campo tengo lilas (las de la foto son de allí) y violetas. Los lirios no me agradan demasiado y las glicinias me encantan, por eso si me guardas un esqueje de glicinias, te lo agradeceré, a lo mejor así dejarías de ser Anónimo/a. Por otro lado si has querido insinuar (no estoy segura de eso) con lo de tu amigo, que yo soy una persona de esas que añoran su infancia, pues en eso has acertado un poco, y digo un poco, porque sí añoro mucho ciertas cosas de mi infancia, pero no todas. Y también añoro a personas que ya no están conmigo, y un buho que mi padrino tenía en su mesa de noche y que no sé dónde habrá ido a parar, y también un vestido azul de tirantes, precioso y que me sentaba de maravilla, y mis primeros zapatos de tacón, y..., y..., y..., y no acabaría nunca y ya es muy tarde y me tengo que ir a dormir.
(Una cosa curiosa, esta noche, por aquí, huele a lilas, ¿por qué será...?)