miércoles, 5 de marzo de 2014

ESCRITORES RECÓNDITOS: Inma Arrabal

ESCRITORES RECÓNDITOS: Inma Arrabal: Inma Arrabal Cano es de Jerez de la Frontera y ha vivido casi siempre en Barcelona donde estudió Biología y Nutrición y desde estas cien...

viernes, 20 de diciembre de 2013

Navidad 2013


La Navidad perdida
Esta no es mi Navidad.
Creo que con el ajetreo de los años la he perdido.
Hoy la busco en la belleza engañosa y cruel de las luces de colores,
en la música de los villancicos que preceden a la publicidad de los centros comerciales, en la espera de los Reyes Magos, que tardan en llegar porque ahora se entretienen hablando con Papá Noel o quizá con ese señor que ofrece regalos gratis, que no lo son, ya que compras una cartulina que hay que rascar previamente.
¿Se han perdido también las ilusiones de los niños, de los adultos, de los ancianos…? ¿O es que quizá el peso de las horas lentas que llenan mi equipaje me oculta todo eso?
¿Dónde están los patinetes de madera, los juguetes de lata, las muñecas de trapo, los recortables, los soldaditos de plomo…? ¿Dónde están los abrazos, las caricias, la caridad, que deberían permanecer a nuestro lado todo el año y no sólo en estos días de fiesta forzada, cada vez más competitiva?
La Navidad, mi Navidad, desde hace muchas lágrimas que no la encuentro. Por eso perdonadme si os cuento estas desilusiones; me invade una infinita impotencia al ver  como juegan con la solidaridad y buena fe de muchos seres humanos, los mismos que pintan de purpurina la miseria que han creado, sin prestar oídos al péndulo de la pobreza, la inseguridad y el miedo.
¿Acaso no se sabe que no hay que excavar hondo para encontrar historias de dolor escondido en las miradas y deshacer los nudos de la incomunicación?
Vuelan hojas secas a mi alrededor, no nieva más que en las postales. Se diría que hasta el Invierno se busca en vano.
Recobro mi entereza y me analizo. Un año más, un año menos y el día de hoy, que veo a oscuras, hacen que me remonte al pasado. Hasta los poemas que escribí para fundir mis noches se entregan al recuerdo.
Y así, deslumbrada por fragmentos de sueño y esperanza, encuentro por fin en mi interior, un  veinticinco de diciembre. No se parece al que perdí, pero sale a mi encuentro en forma de zambomba y pandereta, con   ángeles que anuncian nuevas madrugadas, pesebres helados, bueyes y mulas regalando su cálido aliento a un hombre y una mujer que miran embelesados a su hijo recién nacido…Se entretienen evocando mi infancia, la ingenuidad, la ilusión y la pureza de la niña que fui y que desapareció en el vértigo de los días vividos a contraluz, sin encontrar asidero en parte alguna.
Y a través de la calma que me invade en este instante creo ver una mano apartándome de una inminente caída dentro de las sombras que casi siempre me rodean, y oigo una voz que enciende confianza, reconforta y disipa desconsuelos, deseando “paz y amor para todos los hombres de buena voluntad…” 
Eso mismo os deseo yo, familia, amigos, a todas las personas que quiero y me quieren. Os deseo una Navidad que aunque se presente dorada sólo por fuera, esté llena de cariño y ternura por dentro. Por eso,  a  pesar de las desilusiones y  todas las cosas incomprensibles que nos rodean, “le juraré a quién sea que, igual que todos los años, procuraré ser buena  y que le voy a abrir las puertas del espíritu a esta nueva Navidad que llega aunque luego se vaya y me deje en las manos, como siempre, un simple y tenue aroma de violetas...”
Navidad de 2013

martes, 16 de abril de 2013

Sant Jordi 2013

                                                              

Tendré el gusto de compartir este día con mis compañeros: Ricardo Fernández, María de Luis y Rosmari Torrens, y también con todo aquel que desee recitar sus poemas con nosotros. Os espero amigos.
Además tendré mi nuevo poemario "Una mirada al absurdo" del que os dejo aquí la portada.



miércoles, 16 de enero de 2013




¿Se puede ver esto con indiferencia?

Aquí están, criaturas que miran
hacia una libertad imposible.
Sólo los ojos brillan aún,
con una leve esperanza.
Les han robado la ingenuidad,
han perdido juegos y  sonrisas
en días aterradores, inhumanos, interminables…  
Carnes desgarradas, astillados sus huesos,
ilusiones rotas, y el dolor, sin descanso,
se aferra a los cuerpos desnutridos.
Entrañas de hielo los dejaron sin padres, 
huérfanos, solos ante el poder, el abuso,
la barbarie, la tortura, el horror…
No tienen edad ni nombre, 
sólo números grabados en el brazo
y en la mente una obsesión y una pregunta
que se repiten y repiten cada día y cada noche 
como un consuelo triste en los abismos del miedo:

Sacadnos de aquí, Sacadnos de aquí, Sacadnos de aquí…
¿Por qué?, ¿Por qué?, ¿Por qué…?   


La Shoá

Una hilera de cuerpos desnudos,
de almas sin esperanza.
Un paso vacilante hacia el horror final.
Seres humanos indefensos.
Mujeres temblorosas, degradadas, humilladas,
de ojos agrandados por el miedo,
abrazan a sus hijos como si así pudieran evadirse
de la increíble realidad que las aprisiona.
Porque no es un sueño, ni siquiera la peor pesadilla
de la que uno puede despertarse,
sino otro paso más para la destrucción
de esa marea humana,
de ese río de corazones hambrientos de justicia,
y que, quizá, ya sin fe, pronto desembocará
en montaña de huesos de todos los tamaños,
apilados en un foso con olor a locura y racismo.

Eso es sólo una foto, -podrán decir algunos-,
no puede ser verdad…
Pero el hombre es un lobo para el hombre
y el mal es inherente a la naturaleza humana,
-dirán otros.

El cielo y la tierra se confunden
con la sombra del gas que sale de los hornos.
Se aproxima la noche deshecha en desatinos,
el día ya se quiere escapar del genocidio.
El recuerdo de la Shoá  estalla y permanece
en la memoria de los supervivientes
y en los bienaventurados que sigan teniendo
hambre y sed de justicia…

viernes, 26 de octubre de 2012

CARTA A JAIME VÁNDOR

Jaime Vándor

Jaime



No te conocí hasta que hurgando en las páginas de Carlos Morales, me tropecé con tu poema: Nunca Korczac llegó a Jerusalem. Te referías a aquel gesto de Janus Korczac de acompañar a los niños que él protegía al campo de exterminio de Treblinka. Y lo que allí dices, sobre ese Mal con mayúsculas, del cual de alguna manera, todos somos culpables,  me tocó de una manera tan honda, que ahora te llevo conmigo, cada vez que un dolor trastoca la risa de un niño, o cada vez que estalla una mina, o un disparo alcanza el asombro mayor de la vida.  




Al leerlo, escribí: Estas palabras estrujadas unas con otras, como los niños con Janus, quiebran todos los moldes. Se salen de las clasificaciones, se desbordan de los papeles y de las nomenclaturas. Y es lo que queda de pie como estandarte, hasta que alguna vez, -si es que alguna vez será- que nos sentemos como hermanos y el Mal con mayúscula deje de ser ese obsceno misterio que nos engulle, destroza, inhabilita, trastorna, hasta convertirnos en meros espectadores. 
En el poema de Vándor no hay nada que distraiga. Todo el texto es esa gota de dolor que hay que colocarse en la lengua, hasta que de tanto arder, entendamos que mientras nos creamos al margen, no tendremos las manos limpias y que seremos culpables hasta que podamos hablar de la última masacre del hombre contra el hombre. Esto no es literatura, y como diría León Felipe, es una estopa en la garganta.
Ahora, Jaime, me he asomado a otro poema tuyo que titulaste Hijos, en el cual dices: Hijos del dolor / no es culpa vuestra / mi reloj asigna lejanos lutos / duelo de personas que no he conocido / manecillas enloquecidas me hostigan / ¡ay, ruta solitaria! / y esta alforja de plomo... Y a ellos quieres pedirles perdón.

Y sin embargo, Jaime, todo ese dolor no es algo por lo que tengas que excusarte. Hay un destino en cada cosa, cada tiempo y cada ser. El que se extingue para reverdecer y el que sobrevive para extinguirse con el peso atroz de todo aquello de lo que fue actor y testigo, sobre una piel desguarnecida y un corazón sin costillar que lo resguarde.
Y eres tú, Jaime, y ese penar que se cimbra sobre cada uno de tus días, el destino que nadie sino tú podías cumplir. Tú llevas en el interior de tus vacíos, la mirada de ese niño que Janus llevaba sobre su pecho, camino hacia su propia extinción, y su abrazo colgado del miedo de esos niños,  reinventando desde la muerte el contenido mayor de una alegría que te la dejo a ti, envuelta en el tremor de sus noches.
Cada uno cumpliendo el segmento de una elipse que aún no se fractura para dejar salir el canto que yace entre las cenizas, aguardando.
Qué perdón vas a pedir, si los hijos a su vez son testigos de un horror que no se acaba, de una masacre que no es la última, presenciando, como lo llamaste, el obsceno misterio de un Mal, que cambia de paisaje y de retórica, de abecedario y vestidura, pero que sigue infringiendo las mismas heridas y abriendo las mismas sepulturas.
Sólo que ahora la muerte se fracciona, se divide, para que su orfandad no sorprenda o despierte al hombre de su inútil vigilia a los márgenes del morir.
Si no fuera por ti, y quienes como tú tienen la misma gota de dolor enastada en la lengua, qué de olvidos se esparcirían por las tierras para hacernos creer que alguien ha podido exterminar el mal.
Has cumplido con creces tus deberes, Jaime, como si hubieses hecho el viaje con Janus y sus niños, hacia unas hogueras que no se han extinguido.
Tus hijos, lejos de perdonarte, donde quiera que estén, honrarán la dimensión de tu sacrificio, el tamaño de tu valor y tu valer, porque no sólo, al modo de Janus, tomaste para tí el peso de los ausentes, sino que asumiste esa culpabilidad que todos tenemos, en las masacres de ayer y en las de hoy, porque aún no hemos dejado que colectivamente hable el  corazón, sino a través de esa lágrima tuya, individual, única, que como la de León Felipe, no alcanza a reventar los muros del Mal.
Sólo que debes saber, en el interior de tí mismo, que tu sacrificio, como el de Janus, como el de los niños que Janus acompañó en su destino, harán posible que algún día eso ocurra, que el Mal se extinga, que prevalezca la ternura, que el Amor se haga la fuerza que mueva los engranajes del mundo.
Hoy nos dice Carlos Morales que andas aquejado de salud. Y me apresuro a escribirte porque nunca pude llegar a tus orillas a decirte cuánto significas en las propias batallas que libro contra el Mal con mayúsculas y las Males diminutos y fraccionados que se cuelan hasta por los intersticios de los ventanales en los que crecen las florerías.  
Y esa tristeza se le adhiere a los hijos y a los nietos, a quienes de alguna manera, como tú, suelo aguarles la alegría, con esa alforja de plomo que a veces se me atraviesa en la pupila.
Sólo que la recojo y la convierto en alas de pájaros para que ellos puedan sobrevivir los males de este tiempo con una dosis de magia y de misterio, con unas hojas de trébol guardadas en las páginas de un libro, y una hoja seca recogida en medio de un otoño único.
Hoy te envío todos mis talismanes enhebrados en el galope de caballitos de mar, en el piquito de un azulejo, en el suspiro que dejan en el aire las mariposas, y en el trozo de canción que le regalamos al porvenir.
Ellos llevan poderes sanadores pero por sobre todo, una melodía que acaricia el corazón, un palomar de versos inconclusos, un paisaje tallado en los ojos de un niño que aún no ha salido de su propio asombro. Es decir, Jaime, algunos de los ingredientes de los que estará hecho el porvenir.
Y te los dejo a orillas de tu tristeza, al borde de tu dolor, en el dintel de tus angustias, para que los siembres en el envés de tus pupilas, como un solar de mandarinares.
Con todo mi afecto
mery sananes
19 de octubre del 2012 


Para quienes no le conocen

Jaime Vándor, o Helmut Jacques Vándor, como consta en su partida de nacimiento, vio la luz en Viena, de madre austríaca y padre húngaro, en febrero de 1933. Hacía menos de cuatro semanas que Hitler había asumido el poder en Alemania. Tras la anexión de Austria al Tercer Reich su familia, judía, se refugió en Budapest, Hungría, en 1939. Su padre, que había sufrido mucho a raíz de la guerra de 1914, en el frente ruso y luego como prisionero de guerra en la Siberia Oriental hasta 1920, de ningún modo quiso vivir otra conflagración, y se estableció en Barcelona con la esperanza de poder sacar a su familia de Hungría, cosa que con el cierre de las fronteras no fue posible.

Con su madre y su hermano pasó en Budapest las vicisitudes de la Segunda Guerra Mundial y las persecuciones raciales a partir de la invasión de Hungría por las tropas alemanas en marzo de 1944. Se salvaron de la deportación en una de las “casas españolas” gracias a la protección de los “Justos de las Naciones” Ángel Sanz Briz y Giorgio Perlasca -y como ellos, otros 5.200 judíos húngaros- en los meses que precedieron la ocupación de la capital por el Ejército Soviético (enero de 1945). Gran parte de su familia pereció en el Holocausto.

Reunidos por fin con su padre en Barcelona en 1947, Vándor terminó los estudios de bachillerato en el Instituto Menéndez y Pelayo, en 1951. Se licenció en Filosofía y Letras, Sección de Filología Semítica, en la Universidad de Barcelona, en 1956. Se doctoró en 1987.

La tesis doctoral de Jaime Vándor, de literatura comparada, apareció con el título de Los ricos de espíritu. Estudios en torno a un personaje literario. En dicha tesis establece, partiendo de El idiota de Dostoievski, un tipo psíquico, estable e intemporal, de la máxima perfección humana, con los rasgos comunes y diferenciales de unos cuarenta caracteres, desde Homero hasta el drama y la narrativa del siglo XX.

Paralelamente a sus estudios universitarios, Vándor cursó ocho años de teoría en el Conservatorio Superior de Música de Barcelona, incluyendo tres de Armonía y uno de Contrapunto, así como Paleografía Musical y Musicología en el C.S.I.C. Impartió Historia de la Música y Formas Musicales en el Colegio Mayor Virgen Inmaculada, de 1970 a 1977, e Historia y Literatura en “Dor Hahemshej” –formación judía superior para adultos– en la Comunidad Israelita de Barcelona.

Tras seis meses pasados en Israel estudiando hebreo moderno (Kibbutz Ein Hashofet, 1957-1958), asignatura que en su tiempo no formaba parte del plan de estudios en la Universidad de Barcelona, entra en la misma como profesor ayudante, pasando en 1967 a Encargado de Curso, y a Profesor Asociado Extranjero en 1987. Sigue cursos de perfeccionamiento en Israel (nuevamente Ein Hashofet, 1966-67, y Ulpán Akiva, 1989). Desde 1958 hasta su jubilación en 2003 enseñó en la Facultad de Filología de la U. B. Lengua y Literatura Hebreas, Literatura Hebrea Moderna, Historia del Judaísmo Moderno y Contemporáneo y otras materias.

Vándor ha participado, como invitado, en numerosos simposios y congresos internacionales. Ha dado centenares de conferencias en España, Alemania, Italia, Hungría e Israel sobre temas de historia y cultura judaicas, sobre literatura universal, especialmente del ámbito de las lenguas alemana, húngara y hebrea, así como de Historia de la Música. Como traductor del húngaro ganó un premio de la Radiodifusión Húngara en 1977, con Veinte Poemas de Endre Ady. También tradujo del húngaro la autobiografía de Tibor Déry (1894-1977), Sin juzgar.


POESÍA DE JAIME VÁNDOR


domingo, 30 de septiembre de 2012



Las hojas muertas


Terminó el otoño.
El invierno asoma su fría y plomiza mirada
y la posa en las, casi vacías, ramas de los árboles.
Percibo su agonía de clorofila ya caduca.
Las últimas hojas muertas caen sobre mí
como si quisiesen amortajarme.
Las acaricio, huelo un resto de su aliento…
Me demuestran así el paso de los años
y no les guardo rencor por eso,
quizá porque me abrigan con un poso de calidez
o, tal vez, porque me traen a la memoria
lágrimas derramadas en el transcurso de los días
vividos en esta locura de palabras incomprendidas.

Tengo los ojos secos,
como algunas raíces o sarmientos.
Sólo ven, con pupilas dilatadas y vidriosas
por la edad y absurdas experiencias,
los errores cometidos sin querer.
Cada hoja que muere es uno de ellos,
alternan con alguna ilusión de la niña
y adolescente que fui y que ya he olvidado.
Ahora sólo queda una sombra espesa y gris
que se desliza, cansada,
por el último camino del otoño.
Un soplo de aire del Norte, la respalda
y la conduce hacia el principio del helado invierno...

"La vida, suavemente, sin que te apercibas,
sigue separando, con sus juegos,
a aquellos que se aman.

Y, sin hacer ruido…"
 
 
(Me he permitido como puede verse, una pequeña licencia en la traducción del final)

martes, 17 de abril de 2012

Sant Jordi 2012


Amigos, el día 23 de abril, Sant Jordi, os esperamos a todos los que quieran acercarse un rato, para compartir nuestra poesia. Estaremos en el Paseo de Gracia, 77, entre Mallorca y Provenza, los poetas:

RICARDO FERNÁNDEZ


Nos traerá sus bellos poemas...


MARÍA DE LUIS Y ANNA ROSSELL



Con sus nuevos poemarios y novelas









 Y por supuesto también estaré yo con algunos de mis libros

              
                   La foto, por si no me conocéis :-)



      Mi último libro es Cruzar el Umbral, aunque tengo varios más para editar proximamente.        



  Y aquí una foto con el libro,Cruzar el umbral, al lado de Javier López Romero, autor de la portada.


Así que os esperamos. Un abrazo a todos.