viernes, 3 de abril de 2009

La cera...



Recuerdo el paso de una virgen

que se levanta...

Camina meciéndose, suave.

Las bambalinas del palio

golpean los varales en un azote cariñoso,

siguiendo el ritmo marcado por las varas de mando

contra el suelo...

Con la pequeña mano extendida

y voz cansina y estridente,

mi primo Manolo le pide al nazareno

que desfila con el cirio encendido

apoyado en el cinturón de esparto:

¡Penitente échame "cea", échame "cea"...!

En los ojos del encapuchado

relampaguea una sonrisa al responder:

¡No, "chiquiyo",

hasta que aprendas a nombrar la erre...!



¿Por qué no recuerdo dónde guardé

la peineta de concha, la mantilla de encaje

y aquél vestido negro que madrina me hizo

y que nunca estrené?

2 comentarios:

Locuán dijo...

"Los que nunca volvísteis", estáis siempre aquí.

Sílice dijo...

Pues sí, para los amigos, para la gente que nos cae bien, a pesar de no conocernos personalmente, siempre estamos. Al menos yo, siempre estoy...

Y, ya sabes, si me necesitas, silba.