jueves, 15 de enero de 2009

Si a morir...




Si a morir no es otra cosa que ir,
amoriré...


Y morir no es que te vayas,
sino que me dejes...


No busques en otro
lo que yo puedo darte...


Te pinto un cometa en el corazón
para que te nazca en los labios arena dulce...


Delante del espejo yo acaricio el nombre
que se llama como tú
y es mi sombra quien regresa a casa...


Estos versos, de distintos poemas, pertenecen al poeta: NATÁN FERNÁNDEZ. Él, con sus bellas palabras supo inspirarme para que pudiese escribir mi libro: Amayamar. Siempre le he dado las gracias por ello y también aquí quiero dejar constancia de ese hecho.


Amayamar (Introducción)
Amayamar se fue a morir
y ya no es nada.
Nada.
Le hicieron trampa en las caricias.

Hoy ha sido un día propicio para quemarle el alma
y para jugar a que no la quisieron nunca.
Su corazón ha caducado ya,
¿caducará también la ausencia...?
Ese goteo de sangre que le brota de los ojos
se deshace en tozos de agua helada y sal de sílice.
Por detrás de sus letras, en negrita,
el azogue escribe sin mercurio:
ya no estarás aquí ya no estarás aquí ya no estarás aquí,
aquí abajo, la muralla inmensa que me pone la luna
me separa de ti me separa de ti...

Quiere pensar que aquellos dedos
no tenían la medida exacta de su sexo
y que los besos dados fueron de moho y fango,
pero su vida está sesgada a fuerza de derrotas.
El olvido se llevará el eco de ese día,
el jadeo de la noche y el llanto estúpido que la atenaza
al imaginar cuanta tristeza ama al recordarlo.
Seguirá caminando vestida con papel pinocho
y surgirá del sueño vencida por el peso
de las verdades a medias.
Guardará en un rincón oculto de la memoria
cinco letras de un nombre, como semillas de tiempo
sin arraigo.
No hubo amor.
No hubo plenitud.
Le rompieron el cráneo y se olvidaron luego
de meterle dentro mariposas.
Escribirá en el borde del viento
el desgarro del día en que perdió
el catorce de febrero para siempre.
Amoriré ya nunca más suspirará en su boca,
a su piel le llegó el momento de otra piel
con otro aroma que la impregne.
Ella está pensando suicidarse al mediodía
con veintisiete navajazos, profundos, en la espalda.
Pero la Tierra gira como siempre,
diciembre pasa rozándole la nuca con sus dedos,
enero se cobija en una lana azul y febrero se parte en dos
y enseña sus entrañas.

2 comentarios:

nacho lillo dijo...

¿Qué me queda decir Inma? Este poema tuyo es como el nacimiento de un río, no sabes donde surgió su vida pero esos versos te pertenecen, los viviste de alguna manera, quizá en otra vida

es infinito lo que las creaciones compartidas pueden arrancar y el poema de Natán arranco de ti un torrente que tú ya habías sentido, que habías acariciado en tu soledad, sólo que necesitaste esas gotas, ese rocío de palabras para recordar ese camino

Querida Inma, ahora este poema tuyo es para mí como el cayado que rompe una roca de otro viaje, otra aventura, otra muerte... página en blanco, mi primera obra

Sílice dijo...

Gracias, Ignacio, por tu comentario. Estoy intentando ponerme en contacto contigo. ¿Acaso has cambiado de correo electrónico? Escríbeme. Deseo poner algo tuyo aquí.

Inma