lunes, 15 de diciembre de 2008

Luna de cristal



Ese es el título de mi primer libro, editado en 1995. Lo escribí en "Aula de Lletres", donde cursé estudios de Técnica y Escritura Literaria.


Este libro de poemas y relatos cortos significa mucho para mí. Quizá en él falte técnica y experiencia de la vida, pero creo que por aquel entonces yo exponía mis sentimientos de una manera más espontánea. Eso no quiere decir que crea que ahora escribo más artificialmente porque siempre me ha gustado utilizar palabras sencillas en mis escritos, sino que una aprende a disfrazar un poco su manera de sentir y las verdades. Creo que en el fondo, y aunque todos nos preciamos de ser sinceros y de que nos gusta la verdad, en realidad ésta a veces hace daño, y he comprobado que las "mentiras piadosas" y "bien elaboradas" tienen más aceptación entre los seres humanos que la verdad propiamente dicha. Claro que, ésta por supuesto es sólo una opinión personal.
He cambiado tanto, en estos años... Sí, sí, esa chica de la foto soy yo hace unos trece años, pero ya se sabe: "nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos..." (no sé quién dijo eso, pero no es mío).
Aquí dejo un poema del libro, es como si hubiese adivinado cómo me sentiría ahora. Se titula "Lejanía"
Mis manos han cambiado en unos años
y el pelo se me ha puesto ceniciento.
Mis ojos están turbios por el llanto
y el corazón se me quedó pequeño.
La vida le pudo a mi ilusión,
la prisa a mis ideas.
Del amor, entonces, ya no hablemos,
pues aunque existe aún,
no llena, no acompaña,
sólo ayuda a adormecer el alma,
porque una noche sola,
y otra noche, hacen que yo
me vaya deshaciendo.
Me importa más que mi alma
no esté sola, mucho más que esté solo
mi cuerpo. Porque puedo pasar
las noches sin tus brazos,
pero no sin tu voz, ni tus silencios.
Que los cuerpos se mueren
y algún día entenderás, tal vez,
lo que yo siento.
Esta noche escucharé tu voz,
aquí, en mi oído.
Tan cerca y tan lejana...
¿Qué son unos minutos en un día?
Siempre te digo que no quiero tener
cosas... Cuando muera, voy a morir
con lo que lleve puesto
y aún es mucho, demasiado.
Cuando nací no tenía nada,
sólo sueños.
Voy a dormirme ya, tengo cansada el alma.
Tu voz no me acompaña suficiente.
¡Hola y adiós...! Mejor me duermo.
Mañana te veré otra vez,
pero se nos habrá escapado el día.
Un día menos de amor
y uno más de soledad.
Siento necesidad de respirar
profundamente, de oler tierra mojada
y ver estrellas. Quiero olvidar
la obligación. Quiero romper
las ataduras que yo misma me he puesto,
y correr hacia el sol, hacia el amor,
el mío, el tuyo, el nuestro...
Quiero abrazarte, amor, tan fuerte,
que no pueda el dinero separarnos.
Yo soy mujer de amor y no de cosas,
y soy mujer de espíritu,
más que mujer de cuerpo.